| Castiñeiras (febrero 2013) |
La muerte estaba en el fondo de la ola ponzoñosa,
y una tumba en lo más hondo, pérfidamente adornada
para quien hubiera dado tregua a su amargura,
un descanso a los dolores de su espíritu afligido,
... y en un Edén transformado
el perdido lago ignoto, lago triste y escondido.

