Subía hasta alturas increíbles y luego me dejaba caer,
planeando suavemente, con las alas extendidas y aunque cerrara los ojos no corría riesgo de estrellarme,
y me dejaba guiar en mi vuelo por impulsos arbitrarios y extraños,
y sentía, que de algún modo, estaba trazando en el cielo un dibujo coherente y estético.
Mario Levrero



